En cada pedido que preparo, no solo va un producto… va un pedacito de mí.


  El packaging es, sin duda, mi parte favorita del proceso.


  Es ahí donde puedo volcar todo el cariño, la ilusión y la atención que pongo en cada detalle.


Me encanta imaginar la emoción al abrir el paquete, por eso cuido cada elemento con mimo: desde la elección de los materiales hasta la forma en la que lo coloco todo, todo está pensado para que la experiencia sea tan especial como el contenido.


Soy muy detallista por naturaleza, y quiero que eso se note en cada envío. Que quien reciba el pedido sienta que ha sido preparado con dedicación, delicadeza y mucho amor.

  Porque detrás de cada paquete hay una historia, una mamá o un papá esperando algo bonito… y yo quiero que ese momento lo sea desde el primer instante.